Hot! Córdoba la Bonza

1184819_10151851053138415_1284311355_n

 

Por Pablo Candi (*).

Córdoba se inmola, quemándose a lo bonzo. Es su manera de protestar ante nuestros atropellos. Hemos arrasado con estas tierras, sí, nosotros, los hijos y nietos de inmigrantes europeos, comenzamos hace como 500 años matando a todos los habitantes originarios de esta región, gente que vivía en completa armonía con la naturaleza hacía al menos 5.000 años. Pero vivir en armonía con la Pachamama, sin depredarla, sin extinguir animales ni plantas, para nosotros y nuestros manuales de la escuela era considerado un salvajismo, un atraso. Había que evolucionar y vaya que evolucionamos. El territorio actual de Córdoba estaba hace apenas 100 años cubierto de bosque, un bosque ignorado, de múltiple biodiversidad, de riquezas infinitas, muy espinoso eso sí, difícil de penetrar, como si supiera lo que se le vendría, hoy dejamos menos del 4% de ese bosque.

Todo empezó con la ignorancia, como cualquier otra destrucción empieza. Toda planta sin nombre, de la cual se ignoraban propiedades y derechos, era catalogada de yuyo, y al yuyo se le prendía fuego. Se le prendía fuego al monte, para luego pasar la topadora, y dejar lista la tierra para el cultivo. Nosotros haríamos aquí, en esta tierra distinta, lo mismo que nuestros predecesores hicieron en sus tierras, aunque no tenga ninguna lógica. “Todo bicho que camina va parar al asador” fue el canto a nuestra más temible brutalidad. Durante años festejamos nuestra ignorancia yendo en contra de la naturaleza, como si se pudiera ir en contra de ella sin estar yendo en contra de nosotros mismos.

La codicia insaciable de algunos hombres, la infinita estupidez de otros, y la insoportable apatía de todos los demás, tuvieron en Córdoba su época dorada en los últimos 30 años, con el florecimiento de un capitalismo salvaje llamado neoliberalismo. Este nuevo sistema económico que regia toda actividad humana no era otra cosa que una exageración perversa del saqueo, que comenzó allá por el 1500, cuando los primeros españoles llegaron a América, y que jamás se detuvo.

Después de años de una cruenta dictadura, festejamos la democracia pero la entendimos mal, no era para votar cada cuatro años a nuestro verdugo que murieron tantos. Al menos antes sabías cual era el enemigo, ahora tus enemigos se disfrazan de amigos y vos, atolondrado por tanta mentira sistemática desde los medios de prensa, no atinás a otra cosa que al “sálvese quien pueda”, el espejismo preferido del capitalismo. Caminás toda tu vida para llegar al oasis y nunca llegás o si lo hacés, no hay nada más que arena. No existe salvación individual. Vamos de nuevo: No existe salvación individual.

El ser humano no vive bien en este mundo desde hace mucho tiempo, parecería no ser de aquí, no consigue entender la razón que une a todos los seres. Sin embargo se perpetúa y reproduce con la lógica de un virus, consumiendo con voracidad el mundo que lo contiene, aunque esto signifique su propia aniquilación. Cada vez hay más y más seres humanos que consumen más y más recursos, ya no solo se destruye bosque para cultivos, se destruye bosque para construir viviendas. Y destruir para construir es en sí mismo un sinsentido.

Así nos encontramos con un nuevo actor social: el ecologista, el proteccionista, el naturista. Esos tipos del que todos se burlan, y que con su santa paciencia, con más o menos información, con moderación o desesperadamente, nos vienen avisando cada uno de los desastres que nos va a ocasionar nuestra lógica de virus, nuestro consumismo cortoplacista, pero hacemos oídos sordos, y seguimos comiéndonos todo.

El monocultivo, el desmonte, la sojización, el monopolio de lo transgénico, los agrotóxicos, la contaminación, todo esto es explicado por inagotables Raules Montenegros o Federicos Koptas, pero no hay caso, el sistema es una maquinita perfecta que cierra su círculo de muerte con su arma más letal: la manipulación mediática. La TV y la radio generan una programación de 24hs tendiente a distraerte, obnubilarte, agotarte, sobreestimularte, aturdirte, contrainformarte, confundirte, para finalmente hacerte pensar lo que ellos quieren que pienses o mejor aún, que no pienses nada.

No pensamos nada o pensamos tantas cosas que anulamos los resultados del pensamiento. No hacemos nada, o solo conseguimos sobrevivir en este sistema injusto y  perverso y no nos queda energía o tiempo para hacer algo más.

Entonces el resultado final es éste: los acontecimientos nos pasan por arriba. No hacemos nada para modificar nuestra inevitable caída, aunque desde lejos veamos el precipicio, por apatía o impotencia, no hacemos nada.

Córdoba se inmola, quemándose a lo bonzo. Es su manera de protestar ante nuestra falta de protesta, de acción, de reacción. Si hay alguien allá afuera, si alguien lee esto, por favor, haga algo.

(*) Realizador audiovisual.