Debatieron en California un evento radiactivo de la Central Nuclear Embalse

La Fundación para la Defensa del Ambiente analizó las consecuencias sociales y ambientales de un evento radiactivo que tuvo lugar en la Central Nuclear Embalse a fines de 2017.
Por Cristian Basualdo
Central Nuclear Embalse - visita de Julián Gadano 14-05-18
CALIFORNIA, 20 mayo 2018.- El presidente de la Fundación para la Defensa del Ambiente (Funam), Raúl Montenegro, presentó el caso de un evento radiactivo ocurrido en la Central Nuclear Embalse, durante el encuentro de los Right Livelihood Award, en la Universidad de California de Santa Cruz, celebrado para promover la justicia social y ambiental. “Lo ocurrido delata que secretismo e irresponsabilidad son una combinación altamente peligrosa, y un anticipo de lo que puede ocurrir si la central empezara a operar”, señaló el biólogo cordobés.
El evento radioactivo, que sucedió a fines del año pasado, estuvo lejos de ser un accidente nuclear como los de Chernóbil o Fukushima. Tampoco hubo importantes descargas de tritio al lago Embalse, como nos tiene acostumbrados la vieja central; que de hecho está en una parada de reacondicionamiento, denominada Proyecto Extensión de Vida (PEV) por la empresa operadora de las instalaciones, la estatal Nucleoeléctrica Argentina SA. Sin embargo, por un error humano se expusieron innecesariamente medio centenar de trabajadores a dosis de radiación que podrían haberse evitado.
El 17 de noviembre de 2017, a las 10:30 horas, un error de operación durante las maniobras de secado y barrido de cañerías con aire comprimido en el edificio del reactor, ocasionó una alineación equivocada de válvulas que movilizó inadvertidamente el aire en tramos de cañerías que no estaban previsto secar, y que tenían humedad de agua pesada con ciertas concentraciones de tritio. Esto provocó la falla de unos sellos y la dispersión de esta humedad a la atmósfera del edificio de contención, donde se encontraban los trabajadores realizando el retubado del reactor, una de las tareas críticas del PEV.
Cuando el monitoreo de la dosis concentrada en aire determinó un aumento sustancial en la concentración de tritio, Nucleoeléctrica ordenó unas mediciones de comprobación y a las 15 horas procedió a suspender las tareas que se realizaban, evacuando al personal del edificio del reactor. A fin de disminuir esta concentración se aumentó inmediatamente el caudal de ventilación. Las acciones realizadas permitieron el reinicio de las tareas al día siguiente, 18 de noviembre de 2017.
La Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) informó que del análisis del evento se iniciaron medidas correctivas y también preventivas como la instalación de un sistema de monitoreo permanente de tritio en el edificio del reactor. Si bien cabe preguntar por que no lo instalaron antes de comenzar el retubado, hay una consideración de mayor calado: luego de ocurrido un accidente o evento nuclear, la industria siempre anuncia la implementación de algún tipo de dispositivo que lo evitará en el futuro. Es una estrategia comunicacional basada en la fantasía de la solución tecnológica, profundamente arraigada en la sociedad moderna.
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También señaló la ARN que la atmósfera del edificio del reactor “se mantiene controlada por un sistema de ventilación que permite procesar el aire y monitorear todas las emisiones gaseosas al exterior. En este caso, no hubo pérdida de ese control y por lo tanto no hubo una salida directa desde la atmósfera del edificio al exterior”. Por el contrario, el biólogo Montenegro expresó en un comunicado: “como la actividad nuclear se controla prácticamente a si misma pese a la existencia de una Autoridad Regulatoria Nuclear, desconocemos la cantidad de tritio 3 radiactivo que se descargó al ambiente en ese accidente, y en todas las operaciones anteriores. Es hora que el gobierno de Córdoba deje de mirar para otro lado y se preocupe por la salud de los ciudadanos”.
De límites, bajas dosis y sieverts
“La radiación es un tipo de energía que puede penetrar en el cuerpo y dañar la salud. Es un peligro invisible, no lo sentimos, no lo vemos, ni lo notamos, ni lo olemos. Pero aun así puede matarnos” explicó Wenola Paile, directora médica de la Autoridad de Seguridad Nuclear y Radiaciones de Finlandia. Un manual de capacitación preparado por la ARN para los profesionales de salud de Embalse, muestra el efecto deletéreo de las radiaciones ionizantes en los seres humanos. Las sustancias radiactivas como el tritio se desintegran continuamente, emitiendo radiación ionizante, si ingresan al organismo, porque se han inhalado o ingerido, pueden dañar el material genético de las células.
El Sievert (Sv) es la unidad de dosis efectiva, que mide los efectos biológicos de la exposición radiactiva en los seres humanos. “Tiene en cuenta las características del tejido irradiado y la naturaleza de la radiación. Constituye la unidad paradigmática en protección contra las radiaciones ionizantes, pues si bien con limitaciones, intenta expresar el riesgo de aparición de efectos estocásticos, es decir aleatorios, asociados al conjunto de las situaciones de exposición posibles”, explicó Eduard Rodríguez Farré, médico especializado en radiobiología. Las dosis son acumulativas, una dosis de 1 Sv provoca náuseas y con 6 Sv sobreviene la muerte. El Sievert es una unidad grande, por eso en radioprotección se utiliza un submúltiplo, el milisievert (mSv).
La industria nuclear y los organismos que la controlan, establecieron umbrales de dosis para regular sus actividades. En Argentina, la ARN emitió la Norma Básica de Seguridad Radiológica, que indica para los trabajadores ocupacionalmente expuestos un límite de dosis efectiva de 20 mSv en un año. Este valor debe ser considerado como el promedio en 5 años consecutivos (100 mSv en 5 años), no pudiendo excederse 50 mSv en un único año. A su vez, Nucleoeléctrica implementó el denominado programa ALARA, para hacer las dosis tan bajas como sea razonablemente posible, y comenzó el PEV con un límite de 16 mSv que fue subiendo hasta los 18 mSv.
En el evento del 17 de noviembre de 2017, la mayor dosis recibida por un trabajador fue de 12 mSv en 2 horas. La ARN informó que se tomaron muestras de orina de todo el personal que pudiera haber estado trabajando en el edificio del reactor. De estas mediciones, para 5 trabajadores se estimaron de manera conservativa valores superiores a los 5 mSv en la dosis producida por el decaimiento del tritio incorporado. Siguiendo una práctica recomendada, los trabajadores realizaron un tratamiento médico con ingesta de diurético para una más rápida eliminación del tritio por orina. De los 20 Sv previstos como dosis colectiva para toda la extensión de vida, el evento que nos ocupa implicó 0,7 Sv.
Los límites fijados por la ARN se corresponden con los establecidos por la Comisión Internacional de Protección Radiológica (ICRP). Es importante considerar que los límites ICRP -expresados en mSv- han ido cambiando a lo largo del tiempo: en 1977 eran de 50 mSv al año, en 1949 de 150 mSv al año, en 1934 de 576 mSv al año y en 1928 de 960 mSv al año. “En toda época pasada, como hoy en día, los límites se consideraban seguros y sin efectos, pero con el paso del tiempo la realidad mostraba que sí existían consecuencias y que era necesario reducir las dosis consideradas admisibles. Y es previsible que en el futuro siga esta tendencia a la baja” reflexionó Eduard Rodríguez Farré. La historia de los límites de dosis está marcada por los objetivos de la industria nuclear, por sus intereses económicos y políticos. “Nunca se trató de proteger a las personas de la radiactividad, protegen a la radiactividad, no a la gente” opinó la socióloga Annie Thebaud-Mony. Cabe recordar la conocida frase “toda dosis es una sobredosis”, de George Wald, premio Nobel de Fisiología.
En su exposición en la Universidad de California, Raúl Montenegro, explicó que si bien el trabajador más contaminado estuvo debajo de los límites establecidos, “las autoridades nucleares de Argentina no dicen que cualquier valor de radiación ionizante es cancerígeno, y que el desarrollo de cáncer en personas expuestas puede demorarse años. Gracias a los criterios de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, BEIR VII Segunda Fase, publicado en 2006, se acepta que cualquier valor de radiación ionizante es riesgoso para la salud, pero las autoridades nucleares prefieren omitir este hecho. Lo que pasó es grave, pues compromete la salud de esas 5 personas”.
Trabajar con el riesgo nuclear
La central embalseña es un modelo CANDU 600, cuyo reactor se denomina calandria, se trata de un tanque cilíndrico horizontal de acero inoxidable, atravesado por 380 canales de 6 metros de largo. Cada canal está conformado por un tubo de calandria y en su interior un tubo de presión donde se alojan los elementos combustibles. La vida de diseño de la central está dada por la vida permitida de los tubos de presión, que están sometidos a importantes tensiones mecánicas y térmicas, y sufren efectos conocidos como alargamiento por fluencia progresiva y de rotura por hidruros. Estos materiales, junto con el resto de los componentes del reactor, se encuentran activados luego de permancer casi 3 décadas inmersos en campos neutrónicos. De ahí que el retubado fue el procedimiento más riesgoso para los trabajadores, desde el punto de vista radiológico.

La primera criticidad del reactor embalseño se produjo el 13 de marzo de 1983, desde entonces sufrió numerosos incidentes que agravaron la contaminación interna del mismo. El más significativo ocurrió el 9 de abril de 1988, debido a un transistorio en la línea de transmisión Rosario – Buenos Aires, que ocasionó una rápida variación de frecuencia, y afectó el sistema primario de transporte de calor, al cual se encuentran conectados los filtros de limpieza de resinas iónicas. Como consecuencia, se produjo la rotura interna por vacío de un filtro invertido en el interior de uno de los tanques de resinas. Si bien la central realizó una parada no programada para extraer las resinas del primario, con el paso de los años se siguieron encontrando algunos restos -altamente radiactivos- al desarmar ciertos componentes durante el mantenimiento.

A diferencia del derrame de agua pesada radiactiva que tuvo lugar el 15 de abril de 2016 y fue difundido por los medios provinciales, el evento del 17 de noviembre de 2017 es ignorado por el público general. “Una central nuclear no puede funcionar si la gente del lugar no confía y hay que acabar con aquella cultura del secreto” declaró a La Voz del Interior el subsecretario de Energía Nuclear de la Nación, Julián Gadano, que visitó la Central Nuclear Embalse la semana pasada. Quien suscribe estas líneas consultó por el evento radiactivo a las autoridades de Nucleoeléctrica que no hicieron declaraciones al respecto.
La propia Nucleoeléctrica estimó que la dosis de radiación colectiva iba a ser mayor en el PEV que durante la operación normal. Por eso se contrataron trabajadores temporales, más de 3 mil en el pico de actividades del PEV, con remuneraciones mucho menores que las de los empleados de planta permanente. Actualmente quedan unos mil contratados prestando servicio, que serán despedidos en el curso del año. Perderán el trabajo pero no las dosis recibidas, es la manera que tiene la industria nuclear de socializar sus costos.

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