Hot! El monte como comunidad

Los días 31 de enero y 01 de febrero de 2014 se llevó a cabo la sexta edición de la “Algarrobeada,  fiesta de culturas aborígenes” en Toco- Toco. Hubo molienda, ceremonia, artesanías y un festival. Participó el artista Rubén Patagonia.

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Por Córdoba Originaria / Ecos Córdoba.

El norte cordobés es conocido por sus intensos calores en verano. El día sábado 01 de febrero, en el territorio Toco- Toco, la temperatura supera los 35 grados y el sol se mantiene firme en su decisión de sostener una cálida jornada. Javier Horacio Pereyra, uno de lxs organizadorxs e integrante de la comunidad comechingón, nos recibe amablemente en el territorio y nos cuenta que Toco- Toco es el nombre originario de la localidad que luego, a base de sangre y despojo, lxs invasorxs denominaron Cruz del Eje. “Gracias por la presencia de ustedes aquí en la ciudad de Cruz del Eje, pero para nosotrxs sigue siendo territorio comechingón, territorio Toco- Toco”, aclara Javier.

Desde hace seis años, la comunidad Toco- Toco realiza ininterrumpidamente una ceremonia ancestral conocida como “algarrobeada”.  Esta actividad milenaria practicada también por diferentes pueblos indígenas de América Latina tiene una particularidad que es la cosecha de los frutos del Algarrobo. La práctica se caracteriza por la espiritualidad. Es decir, se trata de una ceremonia ancestral que tiene como objetivo compartir, agradecer y comprender la importancia que tiene el monte como espacio de vida donde habitamos ya que dependemos de él y de los alimentos que nos provee.

Cuidar el monte

Raúl Enrique Verasay, integrante también de la comunidad explica que “la cosecha de la algarroba es una tarea envuelta en la espiritualidad porque la cultura dice que nadie es dueño de nada, nosotrxs somos parte de un todo. Es decir, el árbol, el río, el cosmos, la persona, el animal, el monte formamos parte de lo que la filosofía del pensamiento llama reciprocidad. Entonces yo cuido el monte porque el monte me devuelve frutos”.

Por estas razones, Raúl señala que la algarrobeada consta de dos partes: una espiritual y otra de celebración. “La algarrobeada es la etapa final de esa espiritualidad, no es un festival, no es una fiesta, es una ceremonia final”, relata el hermano.

En el encuentro, a su vez, se hacen presentes comunidades comechingonas de la provincia de Córdoba. También el espacio se puebla de hermanxs de los países de Bolivia y Perú. Comunidades mocovíes de San Javier, qom del Chaco y Formosa, warpes de San Juan, coplerxs de Salta y Jujuy, entre otros, se funden en abrazos y alegrías. El Coro Toba Chelaalapi del Chaco y la cantante mapuche Daniela Millaleo Montano traen la fuerza del canto indígena.

A las cinco y media de la tarde, lxs hermanxs y lugareñxs comienzan a reunirse a la veda del río, en el paseo “La Isla”, para dar comienzo a la ceremonia.  Javier nos cuenta que el río actualmente lleva el nombre de la ciudad de Cruz del Eje porque hasta el momento la comunidad no ha podido recuperar su verdadero nombre. En el lugar se encuentran un centenar de morteros que utilizaron lxs indígenas para moler el alimento. “En ese lugar creemos que se enclavó el antiguo asentamiento Toco- Toco, por la gran cantidad de morteros que se encuentran en la zona. Hemos registrado más de cien  y seguimos encontrando más; lo que sucede es que los campos ahora están en manos privadas y cuando lxs dueñxs nos descubren, nos corren”, relata Javier.

Cerca de las seis de la tarde comienza la ceremonia. Raúl pide permiso a lxs ancestrxs para tomar la palabra y agradece, en primer lugar, a la tierra y al espíritu del monte por haber permitido la cosecha de la algarroba. En segundo lugar, agradece a las casi cien personas que se encuentran reunidas en la ceremonia y explica la importancia que tiene la algarrobeada para el pueblo comechingón. Luego se enciende una fogata y Raúl señala cuatro morteros milenarios en una piedra que marcan las cuatro direcciones: norte, sur, este y oeste.

Y  añade: “este territorio es un lugar de espiritualidad que, como muchos lugares de Córdoba, se caracterizó por tener bosques de algarrobo, bosques donde a los rayos del sol les costaba penetrar. Hoy lamentablemente, producto del desmonte, la mayoría de esos bosques han desaparecido”.

Luego, para cerrar la ceremonia, lxs participantes caminan en círculo rodeando al fuego como para recorrer la conexión que caracteriza a los cuatro puntos sagrados. En ese mismo instante, la espiritualidad también se materializa cuando deciden abrazarse en señal de hermandad.

Forma de vida

6Nos alejamos del río porque comienza el teatro antropológico. Nélida “Nely” Montero además de ser artista es comechingona. Nos cuenta de la alegría que tiene al ver tantas personas que participan del encuentro.  Ella presenta una obra sobre la vida de Kasiwira Tulián, una anciana originaria de la comunidad Tulián de San Marcos Sierra. La obra pretende reconstruir de manera colectiva la memoria de las prácticas de vida de lxs comechingonxs. “Desde hace 20 años se presenta esta obra y también ha participado mucha gente, hay otros personajes en escena que son lxs vecinxs de Kasiwira, su pareja, etc.“ , explica Nely.

Festivaleando

Finalmente, a la caída del sol comienza la música con los artistas locales. La gente es más numerosa, contabilizamos cerca de 250 personas. Quizá la presencia más destacada es la del músico Rubén Patagonia, gran defensor de los derechos y luchador por el reconocimiento de los pueblos indígenas de Argentina. Pudimos sentir, una vez más, su voz característica, desgarradora, mezclada con los hermosos sonidos tehuelches como el kaani y mapuches loncomeo.

Luego de 40 minutos, Rubén cuenta que debe retirarse porque también se lleva a cabo una movilización y un festival por la tierra y por el agua en la localidad de Cosquín. En ese momento se escuchan gritos de “¡Fuera Monsanto!” provenientes de algunxs acampantes de la ciudad de Malvinas Argentinas que se llegaron hasta la algarrobeada y pudieron compartir algunas palabras en el escenario gracias a la invitación de lxs artistas.10

El cierre del festival, a la 01 de la mañana está a cargo del coro toba Chelaalapi de la ciudad de Resistencia, Chaco. Este coro lleva 50 años en los escenarios y es considerado patrimonio vivo de la humanidad. A través de sus cantos en  lengua qom, transmiten sentires, saberes, costumbres y la permanente relación que mantienen los pueblos originarios con la madre tierra.

Nos volvemos cargados de sentimientos, de reflexiones que tienen que ver con nuestra identidad y nuestras raíces, las problemáticas ambientales que atraviesan los territorios y la vulneración de derechos que vivimos. Por estas razones creemos importante la necesidad de multiplicar aún más estos encuentros y poder reconocernos desde lo colectivo, desde lo comunitario.

 

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