Hot! El último viaje de Andrés Carrasco

Las cenizas del famoso embriólogo, que desenmascaró al glifosato en las academias, fueron enterrados en la Universidad de Río Cuarto. La palabra de distintos científicos sobre el rol de la ciencia, de las universidades y las academias en el conflicto de los agro-químicos.

Por Lea Ross | @LeandroRoss

En medio de lágrimas, palas y micrófonos, científicos de distintas provincias se dieron cita en la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) para homenajear a Andrés Carrasco, embriólogo molecular que reveló las malformaciones de embriones que provoca el famoso glifosato. Con una ligera llovizna, dentro del espacio verde del campus, las cenizas de Carrasco, que ya llevaban más de un año sin un destino certero, fueron enterradas, junto con la plantación de un algarrobo.

“Cuando me convocaron para este encuentro, y que además me comentaron que se iba a plantar un árbol, yo pensé que ese era el lugar apropiado para que estuvieran las cenizas de Andrés, porque este lugar (la Universidad de Río Cuarto) era simbólicamente muy importante para él, un lugar donde siempre lo recibieron muy bien, un lugar donde sus pares compartían este propósito, una veta sensible de compromiso con todo esto, en la buena inspiración de los investigadores que desde aquí están aportado buena información para darle visibilidad al problema de los agrotóxicos”, señala la Dra. Alicia Massarini en diálogo con ECOS Córdoba. Alicia se especializa en Ciencias Biológicas de la Universidad de Buenas Aires (UBA) y ha formado parte de la vida de Carrasco, tanto en lo profesional como en lo afectivo. “Me parecía que se cerraba un ciclo y que, a la vez, se abría otro, un ciclo de renovación, de lucha por la vida”, señala.”

Día del Desagravio: Hacia la Construcción de una Ciencia Digna es el nombre de la jornada llevada a cabo el viernes 29 de mayo, en plena conmemoración del Cordobazo. Fue organizada por la Asamblea Río Cuarto Sin Agrotóxicos y el Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNRC. Además de contar con el propio aval de la Facultad de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales, cuyas autoridades del decanato contaron con su presencia.

“Hay un propósito muy claro de la no neutralidad en nuestros discursos y de nuestra manera de hacer ciencia –señala Alicia Massarini-. Un propósito en cuanto, por un lado, a la búsqueda de la visibilización de una situación muy dramática que están atravesando muchos compatriotas, y que no tiene suficiente visibilidad. Y por el otro lado, la voluntad de transformar todo eso, generar otras alternativas, buscar caminos para todas las personas que están en el territorio que están padeciendo este problema”.

Nosotros entendemos, desde la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario, que no hay ciencia imparcial”, señala Damián Verseñazi, médico e investigador rosarino. “De hecho: si fuera imparcial, no sería ciencia. Entendemos que no hay ciencia si no hay un proceso de puesta en discusión del conocimiento para, a partir de la construcción de nuevas herramientas, generar un debate de ideas, un debate ideológico”.

Con respecto a la llegada de la soja transgénica, el médico realizó un paralelismo sobre el rol que cumplió el famoso instituto que declaró este año a disintos plaguicidas como probables cancerígenos: “En el año 1996, en nuestro país se autoriza el ingreso de un evento trangénico, dependiente de agrotóxicos que, por esas casualidades que existen en la historia de la humanidad, en el año 1964 eran de Categoría 2A, declarados por la IARC, y al principio de los noventa fueron declarados Categoría 4”, apunta Verseñazi. Este año, el glifosato y compañía volvieron a ser del Grupo 2A.

Además, sostiene que: “La ciencia no tiene sentido si no tiene compromiso social, la ciencia no tiene sentido si no tiene un contenido político y la ciencia no tiene sentido si no esta dispuesta a interpelar epistemológicamente a la misma ciencia”.

Raúl Montenegro: Andrés Carrasco fue asesinado

“Para mi, Andrés fue asesinado”. Así lo remarca sin tapujos Raúl Montenegro, presidente de la FUNAM. “Solo que no fue asesinado con un arma. Sino que Andrés tenía algo que a toda la gente le pasado, poco o mucho, en un laboratorio o en la academia. Uno puede tener mucho valor para enfrentarse afuera. Pero es mucho más doloroso cuando los pares lo matan. Y en el caso de Andrés, que había hecho todas las cosas correctamente, fue marginado. Mucha gente, dentro de la propia academia, también contribuyó para dejarlo a un lado”, señala el presidente de FUNAM, quien resalta que el abandono de parte del CONICET lo remarca como un “antecedente peligroso para el país”.

“Carrasco fue peligroso no por sus aportes, sino por haber asumido dos compromisos políticos. Uno: el del propio investigador que se anima, antes de salir publicado, a decir que esto que esta pasando es grave. Pero no solamente se anima a eso, sino que comete el otro pecado, que creo que es el más jodido, que es el propio investigador que reconozca el valor implícito de las denuncias y de lo que piden la gente”.

“Esta este doble pecado, en donde el investigador no solo transmite, sino que también reconoce que el sufrimiento y la posición de la gente tiene tanta importancia como un paper publicado. Esto es importante para tener en cuenta de porqué digo que fue asesinado. La persecución no fue por haber encontrado nuevas vías de efectos del glifosato, sino porque la transmitió y, más aun, le dio valor, a la gente, que termina complicando a los sectores de poder ”, asevera Montenegro.

Monte Maíz: “No necesitamos un estudio certificado por la Universidad”

Sergio Linares es arquitecto, tiene 56 años y vive en Monte Maíz. No tiene un título académico sobre alguna ciencia dura. Pero aun así, comparte el micrófono para dar su testimonio sobre la situación de su pueblo. Luego de recibir el micrófono de parte de Montenegro, relató los orígenes de las preocupaciones de los habitantes sobre los problemas de salud, que comenzó a mediados de la década pasada. Ya en el año 2006, según Linares, “se hicieron reuniones bastante importantes entre setenta y ochenta personas. Todos preocupados, porque era algo que todos sabíamos, de que acá había algo. Cuando alguien comenzó a mencionar la palabra mágica agroquímicos, las reuniones pasaron a ser diez o quince personas. Un gran sector de la gente que se desdibujó. Pero seguimos trabajando”.

Para 2014, la intendencia se contacta con el Dr. Medardo Ávila Vásquez, luego de la publicación del famoso mapa de cáncer en la provincia de Córdoba. Ya para entonces, se emprendió el famoso campamento para la realización del estudio epidemiológico, cuyos resultados generaron mucho revuelo.

A partir de allí comienzan todas alternativas que, seguramente, ustedes ya habrán visto en los medios, de gente tratando de desbaratar todo el trabajo que se estaba haciendo, usando la excusa de la validez o no validez de este estudio –apunta Linares, quien forma parte de la Red de Prevención en Monte Maíz, meintras mantvo a Raúl Montenegro de su lado-. Pero este estudio, a nosotros, no nos vino a decir nada. Hemos llegado a escuchar al Dr. Alonso (director del Hospital Oncológico de la Provincia de Córdoba) decir que ese estudio iba a traer perjuicios en el valor de los terrenos de Monte Maíz porque nadie iba a querer comprarlos. ¡Y nosotros nos estamos muriendo! No necesitamos un estudio epidemiológico, certificado por la Universidad. Estamos en un problema bastante serio”.

Finalmente, el habitante montemaicino señala que “a todo esto, se contrapone un latiguillo que nos dicen: Nosotros tenemos los saberes. Ustedes tienen miedo. No. Nosotros no tenemos miedo. Yo tengo agroquímicos en la sangre, mañana podría morirme. Creo que muchos de nosotros tenemos asumidos que lo que hacemos no es por nosotros. Sino que tenemos que trabajar por generaciones futuras. Lo que hagan hoy, no nos lo van a reparar. Pero si logramos que se alejen lo más posible las pulverizaciones, vamos a estar un poquito mejor ”.

En estos momentos, el Consejo Deliberante de Monte Maíz está en discusión sobre la aprobación o no de un reglamento que aleje las pulverizaciones a unos mil metros de distancia en la zona del pueblo.

¿Qué rol juegan las academias hoy en día?

La figura de Carrasco ha contrapuesto dos costados de la realidad académica. Por un lado, el compromiso por una causa para salvar vidas, desde una convicción militante. Y la otra, los apegos a las comodidades de las instituciones.

Hay ciertas cosas que están pasando, en donde las academias no pueden mirar para otro lado –señala Raúl Montenegro-. Por ejemplo: nuestro país es el que más glifosato produce y, por lo tanto, más AMPA (metabolito que aparece como residuo del glifosato) produce. Pues bien, si yo quiero hacer un análisis para saber cuánto glifosato o AMPA tengo en orina humana, tengo que enviar la muestra a Alemania o Estados Unidos. Qué raro: universidades con laboratorios, centros, institutos, presupuestos universitarios enormes, una universidad festejando sus cuatro siglos con gastos impresionantes… ¡pero no podemos medir glifosato en orina!”.

Para Alicia Massarini: “A mi me da la impresión que se está produciendo un cambio. Hay sectores que se están comenzando a sumarse. Pero creo que todavía está muy fragmentado. Yo confío mucho en la potencia de los movimientos sociales y que probablemente eso sea lo que va a motorizar la transformación en las universidades y en los centros de investigación. Creo que el sistema de investigación es tan rígido, en cuanto a sus criterios de evaluación y de pertenencia, que hace muy difícil que los investigadores se comprometan expresamente con este tipo de problemas. No porque muchos estén coptados, que si los hay, pero si porque muchos otros tienen miedo de expresarse de otro modo, de asumir líneas de trabajo que no estén lo suficientemente legitimadas, o promovidas económicamente, que no quieren correr riesgos. Y otros que están completamente de espaldas en cuanto al tema. Entonces parece que esa interna, que es muy compleja, probablemente se defina en un sentido positivo y de transformación al calor de la lucha de los movimientos sociales”.

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