Hot! “No se puede hablar de justicia ambiental sin hablar de justicia social”

Entrevista a Marcelo Ruiz, rector de la Universidad Nacional de Río Cuarto

Por Lucía Maina.

unnamed (1)Los conflictos socio ambientales que se desarrollaron en los últimos años en la provincia de Córdoba no sólo pusieron en marcha nuevas experiencias de organización social y participación popular, sino que también fueron despertando un acercamiento inédito de las universidades con los reclamos populares. El rector de la UNRC analiza los alcances de este nuevo escenario marcado por la resistencia al avance del modelo extractivo.

Ante el creciente cuestionamiento de la sociedad cordobesa hacia el sistema productivo actual, diversos actores académicos y profesionales empezaron a aportar y producir conocimiento acerca de las consecuencias ambientales, sanitarias, económicas y sociales del modelo extractivo, desmintiendo con fundamentos científicos el discurso de empresas y grupos económicos que se ven beneficiados por la expansión de los cultivos transgénicos. A pesar de los convenios que las universidades públicas aún mantienen con multinacionales y de la persistencia de una educación que en gran parte de los casos no contempla las realidades y necesidades de los sectores populares, estos primeros pasos permiten entrever el importante rol que las casas de altos estudios pueden desempeñar en los procesos de transformación social.

En ese marco, distintos sectores de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) han realizado importantes aportes a los debates impulsados por los movimientos socio ambientales de la región y el país, abriendo nuevas posibilidades de articulación entre saberes populares y académicos. A partir de esa experiencia, el rector de la UNRC Marcelo Ruiz* analiza los alcances del modelo extractivo en Argentina, los desafíos de los movimientos sociales para crear alternativas y los aportes que las universidades pueden realizar en el contexto actual para alcanzar una verdadera justicia ambiental y social.

- ¿Cómo conceptualiza el modelo de los agronegocios? ¿Cómo se ha involucrado la UNRC durante su gestión en los conflictos socio ambientales de la región y, en particular, en la lucha llevada adelante por distintas organizaciones en Río Cuarto, Córdoba y Malvinas Argentinas?

Desde hace mucho tiempo nuestra universidad posee áreas de conocimiento que analizan críticamente el modelo del agro-negocio o también denominado modelo de agricultura industrial. Entiendo por agro-negocios ciertas formas de producción, circulación y distribución del excedente en el marco de una economía extractiva, que acumula por desposesión, en el sentido que lo plantea Harvey.

Es una lógica de relaciones económico-sociales y ambientales que está basada en la captura de una renta extraordinaria, en la inserción en los mercados globales de los commodities (comúnmente denominadas materias primas), con ganancias considerables surgidas de la especulación financiera con los recursos naturales y los alimentos, como lo mencionan en una de las publicaciones el Instituto de Investigación y Experimentación Política. (IIEP).

Miguel Teubal, doctorado en la Universidad de California, Berkeley y uno de los referentes principales de la sociología rural de Argentina y del mundo, nos recuerda que el modelo se manifiesta por múltiples factores pero hay uno que es clave, que es su marca y es el gran auge del cultivo de soja, que comenzó a producirse en gran escala en los años setenta, y que adquiere una particularidad con la liberación del mercado de la semilla de soja transgénica, que sustituyó a la convencional y transforma a esta nueva soja en uno de los principales productos de exportación.

En ese período, dice Miguel, no han sido muchas las voces de alerta respecto de las consecuencias de este modelo: excesiva especialización en ese cultivo, alta vulnerabilidad debido a la fuerte dependencia de la economía de un producto destinado a la exportación, desaparición y expulsión del sector de medianos y pequeños productores, campesinos, comunidades indígenas y trabajadores rurales debido al avance ejercido por grandes productores sojeros sobre el territorio nacional; dependencia respecto de grandes empresas transnacionales; incidencia sobre la desocupación, el hambre, la pobreza y la regresividad de la distribución del ingreso a nivel nacional, pérdida de la soberanía alimentaria, deforestación masiva (…).

Enrique Martínez, fue director del Instituto Nacional de Tecnología Industrial por casi diez años hasta hace poco tiempo. En un artículo que denomina el “Monte nativo y la soja: la vida o el negocio” él sostiene que la primera etapa extractiva se insertó con toda “naturalidad”en la evolución económica argentina. La segunda etapa, en cambio, coincide con un enorme aumento de la conciencia ambiental en el planeta.

(…) Se pregunta Enrique: ¿por qué se elimina el monte? Y dice, textualmente: “Por más de una razón. Desde la racionalidad capitalista, hoy a un dueño de campo le conviene ceder en arriendo el predio, a cambio del desmonte y luego de unos años del 20/25% de la producción agrícola, básicamente soja en el norte. A esto se agrega una razón cultural. Si algún propietario de campo estudiara en detalle los números arriba sintetizados, vería que puede ganar mucho más dinero si encara toda o parte de la cadena de valor. Pero eso implicaría tomar personal, realizar inversiones (nada importantes, pero inversiones al fin) y participar activamente en un mercado, donde la colocación del producto no es tan automática como la soja o la hacienda. Solo por vía de excepción un sector social acostumbrado a una administración lejana y la mayoría de las veces ausentista de sus campos encararía esta tarea. Quien quiera diseñar un escenario nuevo debe contrarrestar ambos hechos”.

En cuanto al involucramiento de la universidad en estas problemáticas, Ruiz señala que la misma interviene promoviendo el debate a partir de fundamentos científicos en articulación con los saberes populares: “Desde el Consejo Superior se impulsaron debates públicos importantes vinculados al extractivismo, en un primer momento sobre mega-minería y en un segundo momento sobre el modelo de agro-negocios; dichos análisis se plasmaron en resoluciones de nuestro Consejo Superior, y previamente también los Consejos Directivos de las Facultades emitieron dictamen”. Estos debates contaron con la participación de profesionales de diversas disciplinas, así como con los aportes de organizaciones sociales, sindicales y estudiantiles.

Además, el rector destacó la creación del Observatorio de Conflictos Socio- Ambientales, el cual través de diversas actividades le dio una mayor centralidad institucional a las problemáticas que envuelve el desarrollo.

Resolución UNRC

Resolución UNRC

- Distintas dependencias de la UNRC han participado activamente de la Asamblea Rio Cuarto Sin Agrotóxicos, ¿Qué enseña esta experiencia en cuanto a nuevos modos de articulación entre universidad y sociedad, entre saberes académicos y populares?

Quiero valorar tanto la tarea de la Asamblea por trabajar por una audiencia pública como así también la decisión del Concejo Deliberante de la ciudad de Río Cuarto que tomó la decisión de convocarla para debatir la problemática de la “sustentabilidad y el desarrollo”, de la salud pública y del “crecimiento económico”, etc. Una audiencia pública es muy importante, vuelve plural el debate, lo vuelve como el nombre lo dice público, es posible participar ya sea exponiendo, preguntando, escuchando y analizando. Creo que más de 70 personas intervinieron, representando a un arco variado de organizaciones, instituciones, asociaciones profesionales, etc, etc. De la universidad el grupo de personas fue numeroso, incluso yo participé de las intervenciones, representando la posición de nuestra conducción rectoral, que de algún modo la estoy exponiendo en este reportaje.

Estas y otras experiencias implican un nuevo modo de articulación, de organizaciones e instituciones en una nueva forma o lógica de diálogo, de construcción de alternativas, de otras prácticas, de nuevas formas teóricas. La diversidad es alta y es un desafío construir un lenguaje común para abordar una problemática compleja. Hemos transitado una historia marcada por la disociación entre academia y saberes “extra-muros” (producidos en otras instancias que no sean las tradicionales de la academia), entre conocimiento científico y creencias populares.

Soy un moderno en el sentido que sigo reafirmando la perspectiva de la ruptura epistemológica en el sentido que le da Bachelar, es decir, la perspectiva que sostiene que el conocimiento científico se construyó como ruptura contra el sentido común. Gramsci también sostiene una idea, que es la de sentido común versus conocimiento crítico. Hay un saber de la opresión, de las gestas de emancipación que son sociales, que están inscriptas en los cuerpos (cada cuerpo es un lugar de batalla teórico pero lamentablemente práctico también), son colectivas y las conocen los grupos que resistieron; hay conocimientos que vienen desde el género y son insustituibles. Esta pluralidad de saberes, negada por la perspectiva eurocéntrica es la que provocó una “explosión de saberes” en Nuestra América, llenando el cielo con “otras luces” que no son las del iluminismo.

- ¿Que implicancias y sentidos le atribuye al rechazo a la instalación de Monsanto en Río Cuarto? ¿Qué significa este avance respecto de la lucha que los movimientos sociales vienen sosteniendo contra las grandes corporaciones?

Los movimientos sociales en el mundo han construido una conciencia nueva respecto de lo que el mundo es y de lo que debería ser, no de manera unívoca, está claro. No podemos decir que en Río Cuarto haya movimientos sociales, pero sí organizaciones sociales que articuladas en red son las que impiden que el sentido común, hegemónico por ende, impere.

Dice, en un reportaje, el economista egipcio (presidente del Foro Mundial de las Alternativas) Samir Amin que “hay un progreso en la conciencia democrática en el sentido que frente a las formas de organización relativamente verticales…. que correspondían a otra época de la formación de la expansión capitalista hay hoy mayores exigencias democráticas”. Coincido con él que esta situación es positiva pero no nos puede crear la ilusión de que por sí mismo, el movimiento espontáneo puede crear alternativas. La necesaria relación entre teoría y práctica (praxis) agrega “no puede ser eliminada de las exigencias de la convergencia en la diversidad, y esta convergencia implica un reconocimiento democrático real de la diversidad de intereses sociales, nacionales, etc., y de la diversidad de culturas políticas”.

- ¿Cómo analiza las nuevas concepciones y prácticas que defienden a la naturaleza como un bien común retomando las cosmovisiones de distintos pueblos originarios en América Latina en un contexto donde el capitalismo de acumulación por desposesión avanza a nivel mundial depredando el ambiente, entendido sólo como recurso?

Hay mucho para decir aquí; sí quiero advertir que hay una suerte de ecologismo ingenuo, o bien un ecologismo profundamente despolitizado, que se une a unas nuevas formas de misticismo de la realidad que a veces más que ingenuidad parecieran ser cómplices, ya que escamotean cuestiones de fondo. No se puede hablar de justicia ambiental sin hablar de justicia social, no es posible formular un mundo nuevo sin abordar con seriedad y compromiso militante cotidiano la gravedad de la situación que implica la dinámica de la mundialización capitalista, que tiene carácter imperial. El problema de la construcción de democracia popular, la relación con el Estado y el desarrollo son insoslayables. Justicia social, justicia ambiental y socialismo no están desvinculados. Son los objetivos de cualquier proyecto popular y libertario, desligar estos términos es abandonar la perspectiva de un mundo justo.

Ahora bien, la “problemática ambiental” nos ha generado problemas materiales y simbólicos para la humanidad entera; este serio problema “NO lo ha generado la humanidad con iguales condiciones de responsabilidad de quienes la integran”. Hay una idea cómplice de la actual estructura del poder que habla de la co-rresponsabilidad de todos los hombres y mujeres del mundo en la provocación del año ambiental. Esta idea hay que debatirla en profundidad: al daño ambiental no lo provocó un pibe de las favelas en Brasil o una niña desnutrida y con sida en Mozambique o un pibe que lava los vidrios de los autos en Río Cuarto. La existencia del daño ambiental tiene las mismas causas que la pobreza en Brasil, la desnutrición en Mozambique y la desigual distribución del ingreso en Río Cuarto, Argentina. Hay una estructura de poder que entre fetiche de la mercancía y lógica de la maximización de la ganancia (valor de cambio por encima del valor de cambio) ha puesto al mundo en jaque!

- ¿Qué dificultades y desafíos representa este cambio para las concepciones, saberes y políticas que tradicionalmente han impulsado las universidades nacionales?

Qué tema! Estamos debatiendo nada más y nada menos que la historia, la tradición, la estructura (es decir lo que se volvió cosa cuando en realidad son relaciones sociales), el lugar de la universidad en el campo político, social y cultural. Implica una interpelación a ese lugar, que se ha ido configurando como auto-designación de los grupos que componemos el interior de la universidad, el rol que las clases dominantes le han asignado, el papel que ha pensado y piensa el estado para las mismas, no desligado de las clases dominantes ya que el estado también se compone y centralmente de ellas. Ahora bien, nuestros bloques históricos le han dado un lugar de alta importancia a la universidad, y me estoy situando en la modernidad.

(…) En definitiva las dificultades consisten en construir una nueva hermenéutica, basada en la perspectiva crítica, que anclándose en lo local y regional no reniegue de la perspectiva universal de la construcción del conocimiento. Hay una universalidad que tiene el siguiente sentido: el conocer es constitutivo de la condición de ser humanos. Desde esta perspectiva necesitamos construir desde la práctica de la ecología de saberes, como dice De Sousa Santos, reconociendo que la universidad es un particular más en la producción del saber, que es necesario entablar un diálogo fecundo con la multiplicidad de los movimientos sociales, para ser interpelados, criticados y al mismo tiempo provocar interpelaciones en la dinámica social. Pongo un ejemplo, ¿de quién sino aprender del movimiento campesino indígena respecto de las luchas por la democratización de las tierras? ¿qué puede aportar la universidad al movimiento? Mucho, desde la perspectiva del diálogo, nunca desde la mirada de la “extensión”. La extensión conlleva una mirada iluminista, supone que la institución “extiende” sus fronteras para iluminar al otro, para “erradicar el saber vulgar y reemplazarlo por el saber científico”. Esta idea es profundamente elitista, supone a la educación como “bancaria” en el sentido freiriano, es decir “el otro es un depósito al cual le llenaremos de conocimiento válido”. No estoy negando la importancia de las producciones científicas en nuestras universidades, lo que estoy diciendo que las mejores etapas de la universidad se construyeron “en diálogo con el mundo” y “poniendo en cuestión el mundo”. ¿Qué hicieron sino Pablo Freire, Kurt Godel, Albert Einstein, Levi-Strauss, Freud, Marx, Darcy Riberiro u Oscar Varsavsky?, para mencionar algunos ejemplos.

(*) Marcelo Ruiz es Doctor en Ciencias Matemáticas, Profesor en el Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales de la UNRC; ha sido Secretario General del sindicato docente de UNRC (AGDUNRC), integrante de la Mesa Nacional de Conducción de la Confederación Nacional de Docentes Universitarios (CONADU) e integrante de diferentes organizaciones sociales.

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