Hot! Un año de #FueraMonsanto: entre la realidad y lo imposible

Una profundización al cumplirse un año de la retirada de la multinacional en Malvinas Argentinas.

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Foto de archivo de 2013 de la planta de Monsanto en construcción. Las obras ya no están más. Ph: ECOS Córdoba.

Por Lea Ross | @LeandroRoss

El autor de esta nota venía pensando de qué escribir para la columna de los viernes. Una columna semanal dedicada a escribir sobre las cuestiones y conflictos socio-ambientales de la provincia de Córdoba. No se decidía qué escribir. No porque no había sobre qué escribir. Al contrario. Córdoba siempre tiene algo para contar sobre lo que tenga que ver con la cuestión del saqueo a los bienes comunes.

Esta semana no era la excepción. Había varios temas. En un principio, seguir escribiendo sobre la polémica de la fábrica Porta Hnos., donde el próximo lunes se realizará una audiencia de conciliación en Tribunales Federales. También, sobre la polémica Ley Agroforestal; en particular, hacer un análisis de los artículos que se aprobaron en la Legislatura. Otro tema podía ser sobre el reciente informe de la Defensoría del Pueblo de la Nación criticando el Estudio de Impacto Ambiental de la empresa Cormecor, para instalar una planta de tratamiento de residuos. O sino, sobre una noticia que fue desapercibida: se rigió la prohibición temporal del 2-4-D, el segundo herbicida más utilizado después del glifosato, hasta el 31 marzo del próximo para toda la provincia. El gobierno venía prometiendo esta iniciativa desde el año pasado, a partir de la preocupación de los productores del vid en Colonia Carroya, debido a la afectación del químico en sus cultivos.

Sin embargo, a último momento, el cronista recibió la noticia de un aniversario: ayer se cumplió un año de la publicación del portal de noticias Infobae que Monsanto se retiraba de Malvinas Argentinas. La primicia la había dado el periodista Patricio Eleisegui, quien además de trabajar en la sección de noticias del ámbito empresarial, es también el autor del libro Envenenados, sobre el impacto en la salud de los agrotóxicos.

El dato fue filtrado por un empresario “importante” de Monsanto Argentina, quien había mantenido un encuentro con el periodista donde le explicó que la inversión en la localidad cordobesa se cancelaba porque no se cumplieron con las expectativas en el negocio del maíz en Argentina. La planta seleccionadora de semillas, que iba a ser la más grande de América latina, apuntaba específicamente a la comercialización del maíz, con la proeza que los campos maiceros transgénicos se iban a expandir a paso redoblado durante el último período del gobierno kirchnerista. Esas expectativas no se cumplieron por la caída de los commodities, en donde los productores obtener por seguir en la línea de la soja.

La publicación se disparó rápidamente por las redes sociales. Varios celebraban la retirada de la compañía. E incluso hubo un apresuramiento para decir que esa publicación era la confirmación oficial.

Recuerdo que en ese momento, era un día en donde se remaba con manteca, tratando de obtener una fuente alternativa para llegar a la verdadera confirmación oficial. No por no confiar en el colega. Sino porque al tratarse de un conflicto que uno venía estando presente desde el comienzo del mismo, uno no podía conformarse de que esto se cerraba solo por la publicación de un portal de Buenos Aires. Se necesitaba una confirmación fehaciente, pública, sea de la empresa o del Estado, para que quedara consignado de que esto iba a ser así.

Desde el municipio de Malvinas decían que no sabían nada. Y desde la empresa, informaban que “momentáneamente” no iban hacer declaraciones ante la prensa.

El tiempo pasaba. Tanto las vecinas y vecinos de Malvinas como el resto que participaba del bloqueo contra la fábrica decidieron continuar con el Festival Primavera Sin Monsanto, dos semanas después de la revelación periodística. Mientras tanto, el municipio seguía diciendo que no recibía ninguna notificación. Y los elementos de construcción que se encontraba adentro del predio se venían retirando de a poco.

Era una imagen un tanto patética: Monsanto se estaba retirando de Malvinas, despacito, suave suavecito, sin hacer ruido, de puntitas en los pies, como para que nadie se entere. Definitivamente, se querían retirar sin reconocer su derrota.

Finalmente, el tiempo pasaba. Y el municipio confirmó la venta del predio. El mismo está rematado para la construcción de un emprendimiento industrial.

En los pocos minutos que quedan para terminar de redactar esta columna, la cabeza del cronista recuerda todo un torbellino que tenía en la cabeza sobre lo que significa la comunicación o lo que significó para este conflicto en particular. Cuya conclusión todavía no está cerrada: el manejo de datos reservados, la obsesión por la primicia, el uso preciso de los términos, el compartir la información, la construcción colectiva de la comunicación, la toma de conciencia de los intereses de los medios de comunicación estatales y comerciales, el esfuerzo físico-intelectual de llevar a cabo una comunicación alternativa, etc.

Al presente cronista le cuesta cerrar esa conclusión. Le cuesta a veces rememorar todos esos momentos que duraron cuatro años. Risas, tristezas, agonía, reproche, esperanza, desgaste, enojo. Colores y sonidos comprimidos en un haz de recuerdo.

Cuesta también cerrar esta columna.

El negocio del maíz caía, es verdad. Pero la empresa esperaba empezar a trabajar para el año 2014. Con lo cual, teniendo la fábrica ya terminada y con el cambio de gobierno, Monsanto tenía mínimas chances para mantener su negocio instalado en el territorio cordobés y hegemonizar aún más su poderío en el amplio y enormemente concentrado negocio de la agroindustria.

No fue así. Aun con los avales de los respectivos estados, aun con un aval del Tribunal Superior de Justicia, todas las instituciones democráticas se voltearon: los gobiernos le soltaron la mano al desaprobar su estudio de impacto ambiental y la justicia de la cámara laboral decidió frenar sus obras. ¿Qué pasó en el medio? La acción vecinal y el bloqueo.

Malvinas no fue el comienzo ni el final. Fue un brote de amaranto que se implantó desde Ituzaingó Anexo y desde cada pueblo que reclama restringir la expansión del agro-negocio. Y hoy, ese amaranto se sigue dispersando por doquier, generando fuertes dolores de cabeza para los intereses sectoriales. En la lucha contra las fumigaciones, en la lucha por la preservación de los bosques, en la lucha contra el negocio de la basura, en la lucha contra la voracidad inmobiliaria, en la lucha contra la minería contaminante, en la lucha contra Porta Hnos.

Todo eso en una provincia que siempre bendijo a la soja o que considera que hacer patria es tener un campo que no da de comer.

Malvinas fue el pueblo que nos enseñó que lo imposible se hizo realidad.

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