
“Hay una división en el pueblo: quienes estamos en contra de Monsanto y quienes están a favor del Intendente”
Entrevista a Matías Marizza, integrante de la Asamblea Malvinas lucha por la Vida
Por: Cecilia Sozzi
La tranquilidad de las calles de tierra en una ciudad de 14.000 habitantes. Al fondo, los campos sembrados. En esa apacible imagen cotidiana de Malvinas Argentinas, Matías Marizza, docente lasallano e integrante de la Asamblea Malvinas lucha por la Vida, repasa la historia de cinco meses de confrontación de los vecinos con uno de los gigantes de los agronegocios, la multinacional Monsanto. Si bien anticipa un punto de máxima conflictividad para los próximos días ante un posible inicio de la construcción de la planta acondicionadora de semillas, valora que con la asamblea, en Malvinas “se reconfiguró el espacio público y las relaciones”. Afirma: “Si no hubiera pasado lo de Monsanto tal vez no nos hubiéramos juntado. Y con todo lo que eso implica, especialmente las acciones: marchar por la ciudad no había pasado nunca, manifestarse al costado de la ruta (…) sostener una lucha durante tanto tiempo y que se vea.”
Al repudiar algunas prácticas de los poderes estatales del municipio, expresa una exigencia y a la vez una evaluación de los efectos de la acción de la asamblea: “Ya no puede pasar más en Malvinas que el Estado haga lo que quiera y no le pregunte a nadie. No puede pasar. Da la impresión de que pueden decir ‘Vení a Malvinas que no pasa nada’. Mentira. Sí pasó y pasó mucho, y ya no va a volver a pasar lo mismo. No puede suceder que el Estado decida algo tan grande para la ciudad sin preguntarle a la gente.”
¿Cómo está conformada la Asamblea?
La asamblea ha ido mutando mucho desde el principio hasta ahora. Al principio las asambleas eran de 300 personas; en realidad eran reuniones informativas en donde quienes motorizábamos un poco veníamos y leíamos los recortes de los diarios, buscábamos por internet, traíamos videos… traíamos especialistas, abogados, gente que hablara de eso… En los últimos meses se ha convertido en algo mucho más estable, ya no somos 300 los que venimos, sí 30 o 40 personas, los que veníamos discutiendo hacía mucho tiempo más, los que venimos proponiendo cosas y los que convocamos.
¿Cómo han establecido el modo de reunión? ¿Se reúnen periódicamente, o cuando sucede algún acontecimiento?
Nunca fue periódico; sí en un momento nos estábamos juntando cada 15 días, pero por la urgencia o por lo caldeado de la situación. Por ejemplo, nos reunimos la semana pasada, y esta tenemos actividad viernes, sábado y domingo. Allí nos volveremos a juntar para evaluar y pensar cómo seguir.
Al principio lo que hacíamos era informar, preparar folletos, invitar mucho. Ahora ya no invitamos tanto, no porque no queramos que participen los demás, sino porque es medio complicado sumarse en este momento. Ya son cinco meses y el cansancio se nota bastante. De todos modos, invitamos y por ahí se suman personas nuevas.
¿Cuál fue la respuesta de los vecinos de Malvinas ante la acción de la asamblea?
Nosotros sentimos que hay una división en el pueblo: quienes estamos en contra de Monsanto y quienes están a favor del intendente. Porque vos no vas a escuchar a nadie, si vas a recorrer, que diga: “Yo estoy a favor de Monsanto”. Te dicen: “Yo creo en Daniel y Daniel no me va a mentir”. (por Daniel Arzani, intendente de Malvinas Argentinas). Es una persona que hace 13 años que está gobernando y creen en su figura. No importa lo que digan de Monsanto porque creen en esa persona que los va a defender. De hecho, el día que tuvimos inconvenientes en el Concejo Deliberante cuando vino la patota y nos tiraron piedras, en las filmaciones nuestras y en las que salieron en la tele, las personas dicen: “Yo creo en Daniel, venimos a defenderlo a Daniel. Él vive hace 35 años acá, no nos va a hacer nada.” Y ante la pregunta sobre qué sabían de Monsanto, repetían: “No, yo de Monsanto no sé nada; yo creo en Daniel”.
Entonces, hay una división entre los que no queremos a Monsanto y los que quieren al intendente, que no necesariamente se contraponen, lo que es muy difícil de hacer entender. Desde el municipio están intentando que se contrapongan. “Me quieren voltear a mí”, ha dicho el intendente, y lo ha dicho en los medios. Como si hacer política fuera malo; y esa imagen también la ha repetido el intendente cuando fuimos al Concejo: “Ustedes me eligieron y ahora nosotros tenemos vía libre”. Como si uno no pudiera ejercer la soberanía y decir “acá te estás equivocando”.
Esa es la fragmentación que nosotros sentimos. Dentro de nuestro grupo, de los que sabemos que estamos en contra de Monsanto, hay muchos que nos exponemos y otros que no se quieren exponer, por un montón de cosas. Entonces, vos vas a ver que nosotros marchamos y hay mucha gente que sale a mirar la marcha y si vos les preguntás dicen: “Yo estoy con ustedes, pero no voy a marchar”.
Dentro del grupo de los que defienden al intendente, habría que preguntarles a ellos; quiénes lo defienden realmente y quiénes no les queda otro remedio que defenderlo.
¿Y la reacción de Córdoba en general?, ¿cómo se vincula esta problemática con la de Barrio Ituzaingó?
En Córdoba es un poco mejor la recepción, porque es distinto el público. Es distinta la percepción de lo que es Ituzaingó… En Córdoba, con un millón y medio de habitantes es muy distinto juntar diez mil personas; no quiere decir que sea más fácil, pero son otros los mecanismos. Al festival del 20 de diciembre en plaza de la Intendencia al que fueron 5.000 personas, lo convocamos en cinco días y sólo por facebook. Hicimos una marcha en setiembre con muy poca difusión y había 10.000 personas y el 3 de diciembre volvimos a marchar con 2.000 manifestantes bajo la lluvia.
En Córdoba me parece que en algún punto la discusión sobre los agrotóxicos, sobre Monsanto, está ganada. Si uno convoca hay mucha gente que adhiere y se suma. Acá en Malvinas la cultura de marchar, la cultura de salir a defender mi derecho de otra manera que no sea ir a golpearle la puerta al intendente es muy complicada.
En Malvinas, ¿no hay tradición para reclamar?
Si yo acá tengo un problema, voy a la municipalidad, pregunto, y me mandan a hablar con el intendente.
Cuesta mucho romper esa cultura institucional, esa manera de relacionarse con el Estado que está tan arraigada después de 13 años de intendencia. Poder reclamar de otra manera, no tenemos que ir al intendente cada vez que tenemos un problema. La manera de reclamar, si hay una ordenanza, es en el Concejo Deliberante; el intendente no tiene nada que ver porque es otro poder. Y eso cuesta mucho hacerlo entender acá en Malvinas, no porque la gente sea más ignorante, sino porque es una cultura diferente.
Acá cuesta un poco más todo lo público, la participación democrática más masiva. Así y todo hemos marchado 700 personas por las calles, y son un montón. Y es una lucha que se sostiene hace cinco meses, y eso no había pasado nunca acá. Por ejemplo, en Malvinas no hay centros vecinales, se está intentando organizar uno con muchas idas y vueltas, y nosotros aparecemos en el escenario público como un conjunto de vecinos que se organiza y que reclama de una manera diferente y que decide de una manera diferente.
¿Cuáles son las cuestiones que ustedes resaltan en la lucha contra Monsanto en Malvinas?
Principalmente por dos cosas y se suma una tercera. Primero, por la contaminación directa de la planta de Monsanto en Malvinas, van a contaminar el agua, y van a contaminar el suelo y el aire. Nosotros tenemos informes elaborados por especialistas que presentamos a la Municipalidad, y en la Municipalidad no se les presta importancia. Contaminación directa en Malvinas, en Mi Granja, en Montecristo, en barrios más allegados de Córdoba y también los del sur por la incidencia de los vientos.
La segunda razón, que es la más difícil de hacer entender, es la profundización del modelo extractivista. Esta planta va a llevar a que la frontera del maíz transgénico sembrado pase de 3 millones de hectáreas a 8 millones. Eso significa más desmonte, menos trabajo para los campesinos, más fumigaciones, más agroquímicos. Es el maíz nuevo que necesita menos agua pero agroquímicos cada vez más fuertes. Eso junto con la ley de semillas, junto con la policía ambiental que creó la provincia por lo bajo sin que nadie se enterara, hace un triángulo perfecto donde Monsanto te vende la semilla, te cobra por sembrar, no te deja sembrar las semillas del año anterior y encima tiene una policía que se mete en los campos sin permiso y controla que vos no estés sembrando cosas que ellos no quieren. El maíz transgénico por la polinización invade el maíz orgánico, que termina desapareciendo; por eso se habla de la pérdida de la soberanía alimentaria.
Una tercera razón es el manejo estatal, por decirlo de alguna manera. Ya no puede pasar más en Malvinas que el Estado haga lo que quiera y no le pregunte a nadie. No puede pasar. Da la impresión de que pueden decir “Vení a Malvinas que no pasa nada”. Mentira. Sí pasó y pasó mucho y ya no va a volver a pasar lo mismo. No puede pasar que el Estado decida algo tan grande para la ciudad sin preguntarle a la gente. No puede pasar más en Malvinas que el Concejo Deliberante rechace un proyecto de ordenanza sin discutirlo. Con un tema tan candente y que está generando tanto conflicto, que pase lo del 27 de noviembre, cuando tomaron el proyecto de ordenanza que presentamos nosotros, lo leyeron y lo rechazaron sin discutirlo. Esas prácticas municipales no pueden volver a pasar.
¿Qué es lo más significativo de la acción de la asamblea?
Lo más significativo es la aparición de un nuevo actor en el espacio público. Salvando las distancias, es como las asambleas del 2001. Después de un conflicto grande aparece un nuevo actor que es distinto.
Nos preguntan si vamos a presentar un candidato a intendente y no nos interesa hacerlo, al menos no ahora. Nuestro objetivo, nuestra aparición en el espacio público es para otra cosa. Si no hubiera pasado lo de Monsanto tal vez no nos hubiéramos juntado. Y con todo lo que eso implica, especialmente las acciones: marchar por la ciudad no había pasado nunca, manifestarse al costado de la ruta sin cortar la ruta –cortando me solucionan el problema y listo, me vuelvo a mi casa-, sostener una lucha durante tanto tiempo y que se vea. Eso es lo más significativo, aparece un nuevo actor en el escenario público.
Y después la fragmentación que antes era entre los que estaban a favor del intendente y los que no, y ahora es diferente, también los que están en contra de Monsanto. Y lo que antes era un gran grupo contra un pedacito, ahora está como más equilibrado. Esa fragmentación mutó, ya no es más lo mismo. Algunos le dicen al intendente: “Yo estoy con vos, pero en esta no”. La aparición de la asamblea reconfigura también el escenario público y las relaciones.
¿Cómo ve la asamblea el conflicto en el futuro próximo?
Nosotros estamos viendo que el conflicto está llegando a otro pico, no sabemos si es el último pero al menos es el más complicado. Sabemos que la empresa en estos días va a presentar un informe de impacto ambiental, sabemos que se va a aprobar y que en cualquier momento empiezan a construir. Nosotros nos vemos saliendo a luchar contra eso.
¿Cómo llegamos nosotros? Llegamos con mucho cansancio pero con la conciencia de que el momento clave es ahora, en enero. Porque en enero en la provincia se mira para Carlos Paz, Cosquín, Jesús María. A la Casa de las Tejas la demolieron un 1º de enero, era domingo y no importó nada, la demolieron igual.