
Pablo Piovano muestra «El costo humano de los agrotóxicos»
Entrevista a Pablo Piovano en la presentación en el Palacio Ferreyra de “El costo humano de los agrotóxicos”.
Por Leandro Ross │@LeandroRoss
Imágenes Clau Peralta
Edición ECOS Córdoba
LR- ¿Cuál fue el disparador que inició a este proceso de realizar esta serie fotográfica?
PP- Dos cosas, por un lado los informes que venían llegando a través de las redes sociales de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados con cifras dramáticas, y por otro lado el silencio cómplice que se estaba vivenciando en los medios concentrados frente a algo que aparentaba terrible.
Así que decidí ir a ver que estaba sucediendo, tome mi auto, en mis vacaciones y recorrí buena parte del territorio nacional, el norte, el litoral y el centro del país. El primer paso fue la casa de Fabián Tomasi, a 400 kms de casa. Su cuerpo es un grito urgente. Su cuerpo, su voz, sus palabras su conciencia de alguna manera me puso en evidencia todo lo que estaba por venir. Y con el, más todo el trabajo previo de investigación entre médicos y científicos, establecí un recorrido donde entré en un centenar de casas donde me encontré con el horror de niños postrados que no pueden correr…danzar…y una tasa oncológica de 2 o 3 veces por encima de la medida nacional en algunos pueblos.
LR- En las fotografía donde se expone el cuerpo humano en primer plano, uno observa dos fondos, adentro de la vivienda y otro por fuera, en ciertos espacios verdes. Tuviste algún criterio particular a la hora de decidir cual era el indicado?
PP- Por un lado buscaba que los retratos tuvieran la mayor intimidad y profundidad posible. Eso sucede en su lugar natural, en sus casas. Yo aprecio mucho el gesto de que alguien abra algo tan preciado, tan sagrado, como la intimidad. E intenté estar en ese respeto, en ese entendimiento, y poder ser lo mas honroso frente ese regalo. Luego también era importante dar cuenta periodísticamente que la causística se da en las zonas de impacto. La mayoría de estas casas están linderas a los campos. Por eso también muchas fotos son no en sus casas, sino enfrente de sus casas. Ese fue un poco el criterio, pero tampoco lo he evaluado mucho. Soy fotógrafo documental y lo que iba sucediendo era lo que iba registrando. No hay fotos producidas. Ahí está el intento de querer narrar y de documentar un crimen.
LR- Recién hablaste del rol de los medios, hace un año en Página 12 le hicieron una entrevista a Lino Barañao, y cuando termino la entrevista pediste hacer una pregunta y la filmaste con tu cámara. ¿Cómo tomaste la respuesta que dio el ministro de ciencia?
PP- Como la mayoría de las cosas que hace este gobierno. Como un gesto donde nos tratan de estúpidos. No se que más decirte…hay mucha mentira, portan la mentira. Son portadores del engaño, son parte de un gran negocio de acuerdos impuros frente a grandes corporaciones donde en pocas manos se están manejado las semillas del mundo. Lo que está en juego es la Soberanía Alimentaria del mundo. No solo de la región. Del mundo.
LR- ¿Por eso tuviste el criterio de filmarlo? ¿De que se exponga?
PP- Si…yo escuché toda la entrevista….yo venía de hacer este trabajo y la tenía en el buche, no podía guardármela. Es muy raro que un fotógrafo pregunte, Nora (la entrevistadora) creo que no sabía que yo había hecho todo esto y me salió…no podía guardármela. Entonces quise filmarlo para la transformación de su rostro y que era lo que tenía que decir. Era una pregunta que no le hacían hace muchos años. Solamente se lo habían hecho en la radio de Las Madres cuando dijo que el glifosato era agua con sal. Lo descolocó completamente y luego de eso terminó la entrevista, también.
LR- ¿Qué rol ves que la fotografía puede aportar frente a esto? En una exposición, adentro de un museo, por ejemplo?
PP- A mi lo que me ha sucedido con este trabajo cuando volví de hacerlo, es que me quemaba en las manos y no lo podía publicar. Tuve la necesidad, la urgencia, de hacerlo circular. Para eso postulé a diferentes festivales y premios internacionales. No necesitaba el reconocimiento. Necesitaba difundirlo porque era importante y porque estaban sellados los canales de comunicación. Que esté en un museo a mi también me llama la atención. Que llamen “obra”, a un trabajo que es una denuncia y que es un documento, es extraño. Pero también me doy cuenta que estamos en el corazón sojero y que puede funcionar, y que cumple con el propósito. A mi no se me vuela nada por estar en un museo de Bellas Artes, mi trabajo lo hice y atrás de esto, de estas fotos, hay algo mucho más importante, que es una causa, que es un genocidio silencioso, un gran crimen hecho a conciencia sobre el hombre. Entonces bienvenidas las puertas que se abren para que se visibilice y para que a quien llegue pueda levantar la conciencia y para que corra la voz, como decía Rodolfo Walsh, que se multiplique, que se rompan los cercos. Siempre hay alguien que tiene el corazón dispuesto a ver, a querer entender. Y nuestro rol como comunicador, es ese en definitiva, es poner en la sociedad y en la opinión pública y en el centro, para que todos vayamos a poner lo mejor de cada uno.Y esto es lo que a mi me ha tocado hacer en este tiempo de mi vida y del territorio. Es mi ofrenda. Es lo que yo pude hacer hasta aquí.
Excelente nota sobre el admirable y comprometido trabajo de Pablo Piovano. Felicitaciones y lo comparto!!