
Actores sociales y problemas ambientales en las Sierras de Córdoba
¿Cuál son las distintas percepciones que hay en las Sierras Chicas a la hora de afrontar las problemáticas de las inundaciones y las sequías?

El gobernador Schiaretti, firmando el convenio para la obra del dique en el río Carapé. Ph: Gobierno de Córdoba.
Por Laura Cabrera-Téllez y Diego Gurvich (*)
En los últimos años, las Sierras Chicas experimentaron procesos de cambio acelerados evidenciados, principalmente, en el crecimiento urbano. Al mismo tiempo, esta región estuvo sujetas a eventos climáticos extremos, desde sequías hasta inundaciones, que generaron importantes inconvenientes socio-ambientales.
En un trabajo de investigación, indagamos acerca de cómo diferentes actores sociales perciben los ambientes naturales de la región y los problemas ambientales que se generan a partir de la intervención en los primeros. En el estudio se encuestaron 76 personas de la localidad de Río Ceballos, tratando de abarcar el mayor número de actores sociales posible: gobierno, pobladores, comerciantes, miembros de ONGs, entre otros.
De los resultados observamos claramente que, si bien todos los encuestados manifiestan tener interés por un ambiente “sano” (preferencias directas e indirectas por servicios ambientales como aire limpio, espacios verdes, paisaje de sierra, calidad y control del agua y uso recreativo de la misma, entre otras), se pueden diferenciar dos grupos de actores sociales con opiniones muy diferentes sobre cómo manejar los problemas ambientales que ponen en jaque estos servicios.
Por un lado, sujetos que forman parte del gobierno y empresarios que apuestan por soluciones hidráulicas e ingenieriles como única manera de controlar los problemas.
Y en el otro, la totalidad de los otros actores sociales, que apuestan por una gestión y manejo integrado del recurso hídrico y de la cuenca, la cual involucra medidas ambientales de protección del bosque, cumplimiento de la legislación ambiental existente, articulación real y efectiva entre las diferentes instituciones gubernamentales y la preservación de las reservas y la malla verde del municipio.
Esta desconexión entre las percepciones de estos grupos es llamativa al tiempo que tiene directa incidencia en cómo el gobierno afronta los problemas ambientales.
La representación gráfica de abajo muestra la relación entre los actores sociales de la zona y sus posturas expresadas.
En el margen izquierdo se observa al Estado aunado con el sector empresarial. Para este grupo, no hay una relación explicita entre el tipo de cobertura vegetal de la cuenca y su capacidad de contención de eventos extremos. La cuenca solo puede ser manejada a partir de obras de ingeniería que requieren altos niveles de inversión.
En el margen derecho de la gráfica, se agrupan en bloque los demás actores sociales de la zona. Este grupo reconoce que el territorio está compuesto por diferentes tipos de ecosistemas, que en conjunto forman el sistema natural de las Sierras Chicas. Este bloque solicita no solo la divulgación de la información pertinente respecto al estado medioambiental de la zona, sino también la realización de estudios serios sobre la cuenca y el desarrollo de los procesos de participación ciudadana estipulados por la ley. Finalmente, proponen que el cuidado y mantenimiento de la cuenca se centre a través de un plan efectivo de gestión y manejo que garantice su preservación y uso sustentable.
A pesar de que existe un acuerdo en la sociedad de que el problema de las sequías e inundaciones deberían abordarse de manera interdisciplinaria y con fuerte énfasis en un manejo ecológico, basados principalmente en el ordenamiento territorial y la protección de los recursos naturales, posición sostenida principalmente por investigadores y profesionales. El gobierno, con el apoyo de grupos empresarios, insisten en soluciones ingenieriles que pueden ir desde el plan LEP (limpieza, ensanchamiento y profundización del Río Ceballos, sin estudios ambientales ni plan de trabajo accesible a la comunidad de la zona), hasta la más reciente apuesta por la realización de microembalses en las Sierras Chicas.
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Este reciente plan de trabajo en microembalses reporta las mismas falencias del plan LEP. Son obras de muy alto costo y de utilidad muy cuestionada. Los estudios de impacto ambiental presentan serias deficiencias técnicas. Por ejemplo, resulta llamativo que el EIA del microembalse sobre el dique Carapé (Ascochinga) concluya que la obra tendrá un efecto positivo para el ambiente. La destrucción de 20 hectáreas de vegetación natural, el movimiento de suelos en esa superficie, la pérdida de hábitat para especies animales y vegetales, la destrucción del ecosistema del río y una nueva traza del camino que une Ascochinga y La Cumbre… ¡afectarán de manera positiva el ambiente! Es realmente difícil sostener de manera técnica esta aseveración.
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Pero el problema, en realidad tiene una base más profunda; para la zona no existen planes de manejo para las cuencas, así como tampoco se han presentado planes de implementación de estrategias de manejo que pueden ayudar de manera positiva a la dinámica hídrica de la zona, como lo es el control de especies exóticas y sobrepastoreo por ganado, el control de las urbanizaciones, la restauración de las riberas, entre otras opciones sugeridas desde ámbitos académicos y por los mismos pobladores.
En resumen, si bien la mayor parte de la población es consciente de los problemas ambientales y está relativamente de acuerdo con las acciones que se deberían llevar a cabo para afrontar los problemas, el gobierno sigue con una visión desactualizada, lo que tiene una incidencia directa sobre las acciones reales que se desarrollan en el territorio.
Como conclusión del estudio surge que el gobierno y los grandes grupos empresarios deberían actualizar su visión sobre la problemática ambiental de la región; las políticas actuales no contribuyen a una solución a largo plazo de los problemas y si son generadoras de mayores conflictos socio- ambientales en un sistema que cada día se encuentra más al borde del colapso. Por otro lado, se llama al consenso e inclusión de todos los actores sociales en la problemática, después de todo el ambiente es responsabilidad de todos y las propuestas de manejo, para bien o para mal, deberían incluirlos. Si bien el estudio fue realizado en la localidad de Río Ceballos, creemos que los resultados son aplicables a Sierras Chicas, e incluso a todas las Sierras.
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(*) Ambos investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (UNC-CONICET).
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