
Claudio Lozano: “Sostenemos una estructura productiva deficiente con dólares-tóxicos”
En una entrevista especial para ECOS Córdoba, el diputado nacional realiza un relevamiento de la crisis económica y algunas tajantes sobre el extractivismo ambiental.
Cobertura ECOS Córdoba
Entrevista: Lea Ross | @LeandroRoss
Fotos: Débora Padilla
Edición: Melina Dassano | @MeliDassano
La Economía es uno de los temas que se ha metido, con mayor fuerza, en la opinión pública. No fue tan así durante la presidencia de Néstor Kirchner, debido a la estabilidad nacional en los períodos posteriores a la crisis del 2001-2002. A partir de la intervención del INDEC en 2007, la ciudadanía entró en un torbellino de dudas sobre cuál era el desarrollo del país. El cuestionamiento comenzó «in crescendo» a medida que el valor oficial de la moneda norteamericana se alejaba de la cotización del “dólar blue”. Y finalmente, el tema se volvió central a partir de la última semana de enero, cuando el dólar trepó abruptamente a los 8 pesos, con picos de hasta $ 8,40, generando una devaluación de casi 13% en dos días.
Hoy, la inflación es una de las variables más discutidas dentro de éste ámbito. Pero como dice Claudio Lozano, la inflación no es la causa, sino el efecto de algo más profundo.
En esta entrevista para ECOS Córdoba, el diputado por el bloque Unidad Popular, y director del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas de la CTA, apuntó sobre la situación actual del país, los intereses escondidos y el rol de los que vienen por el extractivismo ambiental.
ECOS Córdoba- Luego de la abrupta devaluación vivida a comienzos de éste año, ¿se puede decir que hemos superado lo peor o seguimos conviviendo con una crisis vigente?
Nosotros desembocamos en la crisis, que se presenta como escasez de divisas, como resultado de haber vivido una fase de crecimiento sin alteración del régimen económico-político-social vigente. Esto quiere decir que no hubo ninguna estrategia seria de modificación del patrón de desigualdad y de la matriz productiva de la Argentina. Consecuentemente, por haber ocurrido esta fase de crecimiento, vuelve a plantear los problemas de siempre, que son dos, y que los dos terminan como resultado, la aplicación del ajuste.
Esos dos problemas que menciona Lozano son los que están siendo discutidos en la mesa de los hogares: inflación y escasez de dólares. “Este esquema productivo, con esta matriz de desigualdad, no está en capacidad de resolver el conflicto entre distribuir ingresos e invertir. De una u otra manera, cuando se profundiza la distribución, decae la inversión, y cuando se pretende promover la inversión, se asocia con profundizar la desigualdad”.
A su vez, sobre la falta de dólares, presentado como una continuación de las transformaciones vividas desde el neoliberalismo, “este perfil productivo demanda mucho de productos importados. Por lo tanto, consume muchas divisas para producir. Este perfil productivo tiene un grado de control de capital extranjero importante. Por lo tanto, remite una cantidad de utilidades al exterior que son muy significativas. Este perfil productivo tiene que ver con una lógica empresarial, donde hay un componente estructural de fuga de capitales, que acompaña los procesos de expansión de Argentina. Y este régimen económico tiene un volumen de endeudamiento sobre la cabeza de la Argentina, que también consume divisas. Por todas estas razones, siempre, en algún momento, plantea déficit en materia de divisas”.
Lozano asegura que “esto dio como resultado que, desde 2007 en adelante, ha habido un ajuste inflacionario en curso. Y en el momento en donde aparece escasez de divisas, el gobierno directamente asume un giro expreso hacia la ortodoxia, que se ha expresado en devaluación, aceleración de precios por encima de los salarios y la jubilación, duplicación de la tasa de interés, aplicación de un esquema tarifario nuevo, incluso para los sectores de menor consumo, con incrementos de hasta 100% en cinco meses. Todos elementos que termina con una depresión del poder adquisitivo y con un aumento del costo de financiamiento o capital de trabajo, deprimiendo la actividad económica”.
“Que es el objetivo buscado en este tipo de políticas –enfatiza Lozano-, porque al deprimir la actividad económica, se consume menos importaciones, por lo tanto se tiene más dólares y con esto se supone que estaríamos entrando en una estrategia para afrontar los vencimientos de deuda. El objetivo del gobierno es hacer esto para lograr acceder algún nivel de financiamiento, buscando desesperadamente que el FMI le habilite volver endeudarse”. En ese panorama, esta entrando en juego los intentos de resolver las deudas con el CIADI, el acuerdo con Repsol, el pedido de préstamo al Goldman Sachs y la re-negociación sobre la deuda contraída durante la Dictadura con el Club de París.
“Esto recién empieza”, asegura el diputado nacional. “El escenario de la Argentina es un escenario del retroceso de los ingresos de la población, del mantenimiento de las tasas de inflación del orden del 30% y de una economía estancada o en caída. Por lo tanto, no es un tema que ya se terminó. Muchas veces, a las crisis se las asocian con ver si el dólar se dispara. Acá el dólar se calmó, pero el problema lo tenés con el nivel de actividad. Acá la tendencia de los precios va a moderarse un poco; en lugar de más de 3,5 % mensual vas a tener 2. Pero en contrapartida vas a tener menor actividad económica. Eso es lo que efectivamente se esta consumando. Y en una Argentina socialmente atada con alambres. Porque tener una población trabajadora de 17,5 millones de personas que tienen un ingreso promedio de 4.200 pesos, en un contexto en donde una canasta familiar media para una familia tipo en la región metropolitana no baja a 10.000 pesos, es una realidad complicada. A la cual, esta política la agrede, porque profundiza el problema”.
Los dólares-tóxicos
Inmediatamente después del abrupto salto que padeció el dólar, tanto el gobierno nacional, como los medios oficialistas, acusaron al CEO de la petrolera Shell Argentina, Juan José Aranguren, de haber realizado una compra de 3,5 millones de dólares que empujó la cotización en picos de $ 8,40.
“El gobierno no debería denunciar la obviedad, debería condicionarla”, asegura Lozano. “En realidad, el gobierno mantuvo un escenario que favorecía lo que hizo el ejecutivo de Shell, en donde la tasa de interés para mantenerse en pesos que, pagaban los bancos, estaba por debajo de la evolución de la inflación y del dólar. Consecuentemente, eso era una invitación a que los excedentes de las empresas se colocaran en dólares, no en pesos. Que eso no ocurriese, hubiera implicado un sistema de regulaciones para evitarlo. Pero era obvio que si el gobierno mantenía un sistema de esa naturaleza iba a pasar lo que paso. Tan obvio es que hasta uno podría suponer que el gobierno buscaba que el dólar se fuera deslizando para consumar un proceso de devaluación que se terminó de agravar en enero, pero que en realidad viene desde todo el 2012. El aumento del dólar en el año -enero 2012 – enero 2013- era del 60%. Entonces hay una estrategia oficial que supone devaluar. Que tiene que ver con el hecho de haber llegado a una situación en materia de divisas que, al no buscar otros caminos, lo deja preso de las estrategias más convencionales”.
“Es más”, enfatiza Claudio Lozano, a la hora de desenmascarar lo que anteriormente se llamaba como El Modelo: “Nosotros tenemos una estructura productiva en donde vendemos producción envenenada. Nosotros tenemos dólares de soja transgénica, vendemos minería de cielo abierto y ahora con la perspectiva de transformar a la Argentina en potencia exportadora de hidrocarburos provenientes del fracking. Con esos dólares-tóxicos, nosotros sostenemos una estructura productiva totalmente deficiente. Deficiente en su capacidad de incorporar desarrollo técnico, pagar buenos salarios y sostener un patrón de mayor igualdad. En ese sentido, están los retrasos y las deudas pendientes que este gobierno no asumió en ningún momento».
EC- ¿Entonces tienen un rol fundamental las entidades ligadas a estas actividades?
Por supuesto, porque el gobierno asoció su gestión a que eso funcionara y muy bien. La expansión sojera ha sido brutal. Tan brutal que ha puesto en entredicho la cuestión ambiental en algunas regiones y ha roto de manera absoluta la diversidad agropecuaria, poniendo en cuestión la soberanía alimentaria de la Argentina.
Sobre la problemática del mono-cultivo sojero, se recuerda en aquel año 2008, acerca del duro enfrentamiento entre los sectores de la actividad agropecuaria con el gobierno nacional, teniendo en medio el proyecto de resolución 125: “Lo que hubo fue una estrategia de tratar de asociarse a los beneficios del modelo sojero, capturando renta vía retenciones, pero no una estrategia de ver cómo (yo, el Estado) modifico la orientación de sojizacion extrema que tiene la Argentina”. Véase: La contracara del modelo.
Además, las políticas ligadas a la minería conservan los mismos lineamientos que impuso el periodo menemista, según el referente de Unidad Popular. “Y en materia de hidrocarburos, también continuó el proceso que se había iniciado con la desregulación menemista, llevando a acabo la “ley corta” (NdR: Ley Nacional 26.197, promulgada en 2007), transfiriéndole los recursos a las provincias, y habilitando que las provincias pudieran rematar cualquier cosa a entes empresariales que son mucho más poderosos que los estados provinciales a la hora de sentarse a discutir”.
“No solo eso –señala Lozano-: con lo que nos costó sacar la Ley de Protección de Glaciares (NdR: Ley Nacional 26.639). Había sido vetada por el gobierno, luego de que la Presidenta estuvo en Canadá, junto con todos los gobernadores de las provincias mineras, discutiendo con la Barrick Gold”.
Además, la problemática del fracking plantea ciertos temas en relación a la matriz energética: “En lugar de transformarnos en exportadores, que seria algo así como reproducir el modelo menemista, que veníamos exportando el gas al exterior y al final nos quedamos sin gas, lo que hay que hacer es revisar acotadamente los recursos no convencionales que nos permitan replantear la matriz energética, para utilizar otras fuentes que nos permitan depender menos de los hidrocarburos, no más. Hoy la Argentina está dependiendo de más del 90% de hidrocarburos y ahora queremos más hidrocarburos con los no convencionales, en lugar de sustituirlos por energías alternativas que sean más limpias y razonables para que haya un desarrollo más sustentable en términos ambientales. Ahí está la estrategia”.
EC- Para completar: ¿cuánto vamos a terminar pagando por la expropiación de YPF?
Mirá, no lo sabemos. Ese es el principal problema. No ha habido una auditoría como debió haberse hecho para una empresa que vacío YPF, que causó daños ambientales mayúsculos. En el momento en que se comenzó la discusión, la cantidad de gobernadores que pusieron en marcha estudios en sus provincias para detectar el monto de daño ambiental fueron monumentales (véase YPF-Repsol: Acuerdo impasivo). Así que lo que termina pasando, y de hecho fue una confesión que hizo el tipo que supuestamente tasó la empresa YPF, el responsable del Tribunal de Tasación, cuando vino al Congreso, dijo que todo lo que eran las deudas por juicio contra Repsol que existen, en el balance, Repsol preveía un monto para afrontarlos. Y lo que dice ese hombre es que ese monto se mantuvo tal cual está, para no afectar los intereses empresariales. Eso para los juicios que se saben que tienen, no los que pueden llegar a tener, porque YPF-Repsol tiene juicios en Brasil, en EE.UU., en la isla Caimán; tiene empresas en paraísos fiscales, tiene un montón de cosas que no sabemos absolutamente nada.
«En lugar de que nosotros hubiéramos establecido una clausura que estableciera que aquellas deudas por monto superior o que pudieran aparecer como resultado de la conducción de Repsol tendrán que ser asumidas por ellas, en realidad lo que se estableció en el acuerdo es una clausura de indemnidad para Repsol, dejando en claro que cualquier cosa que ocurra, estará a cargo el Estado Nacional”, resalta Lozano.
Y finalmente cierra: “Por eso, más allá de que nos comprometamos a pagar alrededor de 11.270 millones de dólares en el trayecto de unos cuantos años, que a valor de hoy implicaría que le estamos pagando un precio de alrededor de 8.000 millones de dólares por el 51% de las acciones, que es lo mismo que valía la acción de YPF un año antes de la expropiación, o sea que en realidad se le reconoció que el valor de mercado, que era lo que Repsol quería; además lo que ya se sabe, no sabemos lo otro. Porque lo que hicimos es comprar una caja de Pandora, donde nos habrá de ponernos frente a eventuales demandas que no sabemos absolutamente nada”.
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