
Monsanto vs. la Ciencia

Mark Lynas posando con sus seguidores, luego de su charla realizada en la UNC, el viernes 4 de julio.
Por Fernando Barri (*) Especial para ECOS Córdoba.
No dejan de sorprender las burdas maniobras de los sectores de poder vinculados a los agronegocios para intentar legitimar la instalación de Monsanto en Córdoba. A las pobres estrategias propagandísticas y el pésimo Estudio de Impacto Ambiental, que no han hecho más que reforzar la visión ciudadana que se trata de una Empresa que solo traerá aparejado perjuicios socio-ambientales en la región, ahora se suma la aparición de un extraño personaje que, en nombre de un falso conocimiento científico, sale a defender a las semillas transgénicas de Monsanto.
De la mano del Ministerio de Agricultura, grupos de agronegocios y, lamentablemente también, la Facultad de Ciencias Agropecuarias, Mark Lynas llegó a Córdoba a brindar una “conferencia sobre las bondades de los transgénicos”, e intentó además desacreditar gran parte de los planteos ambientales en contra del modelo productivo predominante. Pero antes de desglosar cada una de las mentiras y contradicciones en que incurrió Lynas, primero es importante desenmascarar un poco a esta figura que nadie conocía y que, de la mano de algunos medios de comunicación cercanos al poder de turno, tuvimos que soportar escuchar o leer hace pocos días.
Mark Lynas se presenta como un “ex ambientalista arrepentido”, pero a decir verdad ninguna organización ambientalista seria conoce a este hombre, incluso Greenpeace, organización de la que Lynas dice haber formado parte en alguna de sus acciones contra los transgénicos en Europa, emitió un comunicado negando que Lynas haya sido uno de sus miembros en el pasado. Por otra parte presenta en su Curriculum haber publicado artículos periodísticos sobre la problemática del cambio climático global, hecho por el que fue reconocido en su país y hasta le valió convertirse en asesor de países en riesgo de inundación por el probable ascenso del nivel del mar. Sin embargo, lo paradójico es que ahora Lynas pone en duda algo que a las claras tiene consenso científico internacional como es el cambio climático global producido por el actual modelo de desarrollo. ¿Qué hizo entonces que Lynas dejara de ser un supuesto ambientalista a un acérrimo defensor de las políticas contaminantes y destructivas de la salud y el ambiente? ¿O será que se trata de un falso arrepentido y en realidad sea un agente de los grupos de poder?. Lo cierto es que el propio Wikipedia hace referencia a documentos filtrados de distintos grupos económicos impulsores de la biotecnología que mencionan a Lynas como un “embajador de los organismos genéticamente modificados en Europa”. A su vez, Lynas, quien dice querer ayudar a la humanidad con sus (des) conocimientos, trabaja en los papeles para la Fundación de Bill Gates, una de las personas más ricas del planeta, acusado por prácticas monopólicas en los Estados Unidos, es decir cualquier cosa menos una persona filántropa. Es evidente que si a Lynas y Bill Gates realmente les preocupara el hambre en África como señalan, más que fomentar los cultivos transgénicos podría donar la fortuna del Magnate de las computadoras, que sobrepasa el PBI de varios de los países a los que se supone quieren ayudar.
Habiendo puesto blanco sobre negro respecto de quien es Mark Lynas, vale la pena ahora detenerse a analizar y rebatir cada una de las falacias que vino a decir a nuestra provincia:
– La primera mentira hace referencia a que “los transgénicos ayudaron a reducir el uso de agroquímicos”. Esta mentira es muy burda, sin embargo la siguen utilizando ante el desconocimiento en la materia de muchas personas (incluso de quienes están vinculados al agro). En el caso de la soja transgénica de Monsanto, la soja RR (Roundup Ready por sus siglas en inglés) fue diseñada pura y exclusivamente para ser utilizada con el Glifosato, es decir que es imposible pensar en el avance del cultivo de la soja transgénica en Argentina sin un crecimiento exponencial del uso de este agroquímico fuertemente cuestionado por su potencial tóxico (si bien aún no ha sido re-categorizado, las evidencias científicas en su contra son cada vez más abrumadoras). Este hecho fue confirmado por los propios organismos oficiales (INTA, SENASA), así como por las empresas que venden el producto, quienes señalan que su uso en el campo Argentino se incrementó en millones de litros anuales en los últimos años. Es decir que en casos como éstos, donde el objetivo principal de la soja de Monsanto es obtener ganancias de las ventas del glifosato, claramente no se produce ninguna reducción del uso de agroquímicos, todo lo contrario.
– La segunda mentira tiene que ver con que “los transgénicos son necesarios para paliar el hambre del mundo”, otro caballito de batalla que repiten los mediocres defensores del modelo económico basado en los agronegocios. El problema del hambre en el mundo, como lo sabemos hace mucho tiempo, no tiene que ver con la capacidad de producción agrícola (que sobra en el mundo), sino con la pésima distribución de la riqueza. Si un 20% de la población del planeta consume el 80% de los recursos, o si Argentina tiene gente con hambre produciendo alimento para 400 millones de personas, obviamente no se debe a una falta de producción de alimentos sino a como éstos se reparten. La problemática de la pobreza no se resolverá incrementando la concentración de la riqueza que implica impulsar los agronegocios y los cultivos transgénicos, sino más bien distribuyendo equitativamente la producción y las ganancias, cosa que Lynas y la Fundación Bille Gates seguramente no estarán interesados en hacer. Por su parte, ya la FAO (el organismo internacional dedicado a la agricultura y la alimentación) ha emitido sendos informes donde expresa que el modelo de producción agrícola impulsado por los agronegocios es una de las principales causas de degradación ambiental del planeta, y que, como lo demuestran estudios científicos serios a lo largo del mundo, no solo no ha ayudado a reducir el hambre y la pobreza sino que la han incrementado. Son estadísticas que parece que Lynas, que se dice periodista científico, nunca ha leído…
– La tercera gran mentira de Lynas es decir que “los científicos no se animan a defender a los transgénicos por temor”. Ésta afirmación no deja de resultar tragicómica, a la luz del hecho que los pocos científicos que tuvieron el coraje de mostrar los impactos de los productos biotecnológicos de Monsanto y cia., como el fallecido Dr. Andrés Carrasco, fueron defenestrados desde los sectores de poder. La realidad indica que todo aquel investigador que ose hablar mal del modelo de los agronegocios corre el riesgo de perder su trabajo, toda vez que difícilmente logre subsidios para realizar su estudios, incluso muchas revistas internacionales están perdiendo prestigio dado que se ven impedidas por los grupos de poder a publicar trabajos científicos que muestren evidencias sobre los impactos de los transgénicos y/o los agroquímicos. Podría afirmarse que es totalmente al revés de cómo lo plantea Lynas. Aquellos investigadores que se dedican a promover la biotecnología, y en particular el desarrollo de los transgénicos, son premiados por los gobiernos y las empresas, como ocurrió con el desarrollo de una variedad de soja transgénica resistente a la sequía por parte de un grupo de investigadores del CONICET. Es decir que hoy por hoy lo verdaderamente riesgoso para el futuro de un investigador en nuestro país hablar mal de los transgénicos. Por suerte son cada vez más en el mundo las voces de académicos que se oponen al desarrollo irracional y desmedido de los organismos genéticamente modificados, dado que sus efectos sobre la salud y el ambiente aún no han sido estudiados en profundidad ni se aplica el principio precautorio que debería utilizarse con estos productos.
Podemos afirmar por lo tanto que lo único que hizo Mark Lynas en su visita a Córdoba fue repetir las burdas mentiras sobre los organismos transgénicos que sostiene Monsanto, e intentar defender sin argumento científico alguno a los sectores de los agronegocios de los impactos socio-ambientales que están produciendo en el Planeta (llamó poderosamente la atención que también fomentara la energía nuclear y ni mencionara, siendo que dice ser un ex-ambientalista, a otras formas de producción de energías mucho menos riesgosas y sustentables como la eólica y la solar).
Los verdaderos grupos ambientalistas de Córdoba pueden quedarse tranquilos que Monsanto, ya sea porque tenga muy malos asesores de marketing o porque esté tan desacreditada que solo puede contratar mercenarios intelectuales de poca monta, no podrá instalarse en nuestra provincia en tanto y en cuanto la verdad y el conocimiento no sean ocultados. Mientras tanto no hay que bajar los brazos y seguir defendiendo la vida, la salud y la soberanía alimentaria de nuestro pueblo contra estos “otros buitres” que intentan confundirnos.
(*) Biólogo, docente de la UNC e integrante del CONICET.
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